De los Alpes al mar
Los Alpes, a cuyos pies se extiende Turín con la red regular de sus calles rectas; los lagos, que se abren sobre la capital lombarda y, el mar de las dos riberas, entre las cuales Génova se siente como reina. Por los pasos alpinos descendieron, en tiempos antiguos, los invasores: los Galos, Aníbal, las innumerables tribus bárbaras. Y a su vez, las legiones romanas pasaron a las Galias, Suiza, Germania. He aquí porque las civilizaciones piamontesa y lombarda se nos aparecen tan intimamente enlazadas a la Europa Occidental y central.
De las playas de Liguria zarparon los mercantiles y, cuando se hizo necesario, los guerreros genoveses hacia las floridas colonias del Mediterráneo oriental o hacia las Cruzadas. Entre el interior europeo y los mares lejanos, los ligures asumieron una función mediadora. A pesar de las diferentes experiencias históricas del Medioevo en adelante existe entre estas tierras una viva y profunda unidad que podremos recoger aunque varien los paisajes: de las vetas alpinas a la jubilosa naturaleza de los lagos al ininterrumpido prodigio marino de la costa ligur.