Naturaleza y arte en Cerdeña
Cerdeña es una isla, en el sentido más pleno de la palabra. Cerdeña sorprende por sus contrastes naturales, entre las costas rocosas derrumbadas de sus marinas y las plácidas ondulaciones de sus altiplanos, o por la variedad de civilización que se encuentra en una sociedad aún largamente patriarcal como aquella de la isla. Dotada de un origen prehistórico, de fresquísima y autónoma vena constructiva y plástica, Cerdeña fue apenas tocada por el mundo griego. En el gran reparto de zonas e influencia del antiguo Mediterráneo pertenece a la esfera de expansión fenicia; primero, púnica, luego cartaginesa. Aquí, como en otros lugares, también Roma ejercitó su potente acción asimiladora y unificadora, más tenaz y profunda que en otros lugares de la península italiana como atestiguan innumerables topónimos romanos. Disputada en el medioevo entre Génova y Pisa, después de haber desarrollado formas autónomas de gobierno, entró, con los Aragoneses, en la órbita española de donde se destacó solamente a principios de siglo XVIII cuando entró a formar parte de aquel primer núcleo de territorios de donde luego nació la unidad de Italia.