De Roma a Nápoles
Cualquier introducción será superflua para la descripción de un viaje que, comenzando con la visita a Roma, alcanza despues Nápoles, los encantadores lugares de la costa amalfitana y vuelve después a Roma a traves de testimonianzas históricas. Pocas veces en su vida, el viajero habrá encontrado tan exaltadora armonía entre los escenarios naturales y las obras artísticas creadas por la mano del hombre.
No intentaremos ni siquiera describir someramente una ciudad como Roma. Sólo en la edad moderna, la nueva Roma ha alcanzado el perímetro de la vastísima ciudad imperial que, de un aglomerado urbano de casi dos millones de habitantes, se redujo en el Medioevo a contener casi sesenta mil. Hemos querido solamente intentar la empresa, casi imposible, de concentrar la visita a Roma en sólo tres días, a través de tres itinerarios de una jornada cada uno, que se salen de los acostumbrados esquemas de las guías.
Pero quisieramos recomendar al huesped de Roma una cosa: no se limite a la ciudad, no olvide el marco de sus colinas, abadías, monasterios, templos que componen el mágico cuadro del Lacio, cuyo paisaje se modifica insensiblemente hasta Campania, de la que visitaremos el importante interior antes de descender a sus magníficos golfos: Salerno y Nápoles.